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Edel ha publicado entre otros, los poemarios: Viendo los autos pasar hacia Occidente, (1994); Escrituras visibles y Lejos de la corriente. Este último fue publicado en Tenerife en el 2002, por la editorial Globo y corregido y aumentado para Ediciones Unión, de La Habana, en el 2004. Ediciones Pleamar realizó en La Habana en 2007 la edición artesanal de su poema: “Otro color, otras figuras geométricas”.
Seleccionó y prologó el catálogo de jóvenes poetas cubanos: Cuerpo sobre cuerpo sobre cuerpo, (2000) y la muestra: La Estrella de Cuba. Inventario de una expedición, (2004), reeditada en Caracas por Monte Avila Editores en el 2006.
Sus textos aparecen en numerosas antologías, publicaciones periódicas y sitios digitales de la isla y de otros países. Es miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y Miembro de Honor de la Asociación de Escritores y Artistas Jóvenes (AHS).
Que te vuelva a encontrar Fragmento de novela
Siempre supe que le iba a joder la vida, el Cuarto personaje: Tipa demasiado teórica, demasiado complicada y truculenta. Niña que llega de otro mundo a montarse un protagónico y arrasar con lo que encuentre: Personaje criminal, propio de una novela policíaca, thriller bien sazonado donde un Autor más duro pudiera golpearla como se merece, arrastrarla por el pelo, ponerla a sufrir en las esquinas. Desde que apareció en el patio del hotel con su cara de manzana recién cortada y le dijo al Autor: No quiero que me hagas sufrir, por favor, supe que tenía el perfil picado: Muy presuntuosa, la chiquita.
Terminaban las conferencias programadas para esa tarde en la Convención Nacional de Narradores y la exótica editora salió acompañada de sus colegas del Jurado. Iba positiva, segura de sí y del efecto que provocaban su cuerpo juvenil y sus palabras postróvicas, camino al bar refrigerado donde se había instalado el Protocolo: Mi área de trabajo, mi espacio favorito para la cacería de largo alcance.
No era aún el Cuarto personaje, no figuraba siquiera en el relato ni en el proyecto de guión de la telenovela. Era solo una recién llegada con estatus especial. Una muchacha disipada en plan de conquista: Un ángel que recordaré siempre, aunque la cuelguen. Sonreía tenuemente, toda roja ella, y se prodigaba en la ambigüedad de sus comentarios y disertaciones. A mí me ignoró, metódicamente: En ese momento, no le interesaba entrar en complicidades con el aprendiz de caballero que era yo, el cómplice Lector, demasiado amigo de Ka. Y aunque dijo: Thanks, cuando le entregué su pedido, no sonrió, no le simpatizaba entonces, no para tanto. Le interesaba Dios, la forma en que creaba el mundo y como hacerse de un jardincito exclusivo. Fue directamente hacia el Autor, con la cerveza en la mano y la manzana a flor de piel, y dijo: Ka no merece ese amor, en cambio...
Un par de noches después se lo había llevado a la cama. Con premeditación y alevosía. Lo masturbó a mano limpia, se la mamó con preservativo, se le trepó arriba antes de que pudiera quitarle el vestido, lo hizo venirse enseguida, como a un escolar sencillo. Y luego lo bañó con Bavaria de la cabeza a los pies y se lo volvió a templar.
El Autor narra las cosas de otra manera, embellece la escena en el Gran Hotel. Ella misma en sus cartas lo presenta todo distinto, bien que lo sé: Ahora, cuando viene a verme en plan de aliada, es un primor. Toda una sinfonía de sueños. Pero yo también estuve allí, yo también era parte del juego, yo la deseaba igual que todo el mundo y deseaba más que nadie el triunfo total del Autor, mi socio de correrías.
Habíamos trabajado mucho para alcanzar de una vez la consagración de su Historia de Ka. Ya era seguro el premio en el evento y su presencia en aquellas colecciones de narrativa que tanto se vendían y tan bien se pagaban. Pero ese affaire sorpresivo y sostenido con la nueva estrella dejó ronchas, dio mucho tema de conversación en el mundillo, trajo consecuencias no deseables.
En realidad, ella le llenó la cabeza de pajaritos. Lo marcó en rojo desde que escuchó la lectura del primer párrafo y lo fue seduciendo oración tras oración, sin tregua ni cansancio, con paréntesis de complicidad agriamente elaborados y citas arregladas: Dulcemente extraídas, de historias medievales.
Unas horas más tarde, cervezas y cigarros mediante, ya lo tenía loco, babeado, y con un baño en la piscina lo hizo renunciar a casi todos sus proyectos, le cambió la novela y la vida: Lo jodió, lisa y llanamente. Ahora lo tiene tirado en el piso, casi moribundo, y le sigue dando.
Soy testigo de primera mano: Presencial, como suele decirse, y anota con sorna al margen del guión la Productora, hermosa y poderosa: No es que no se lo merezca, bastante comemierda ha sido. Cada minuto de este último año se lo ha dedicado: Completo y sin chistar, a ella, la exótica Editora. Lo ha sacrificado todo: Por ella, el Cuarto personaje. Hasta su novela, la Historia de Ka, un relato terminado, ya premiado, bien acogido en el barrio y ampliamente elogiado entre los socios escritores.
Primero cambió la estructura, el punto de vista, las relaciones entre los personajes; luego fue dejando de escribir: Para no apresurarla, para que ella tuviera tiempo y pudiera hacer sus sugerencias, elaborar sus personales reflexiones. Meses enteros sin teclear una palabra, solo para que ella desarrollara su Tesis... Siempre a su lado: guiándola, sosteniéndola, preparándola para entender y juzgar este mundo nuestro, fortaleciendo su presencia en cada página, explicando: Esta coma y aquel punto, el significado y el significante, los verbos y las subordinadas, qué sentido tienen para el Autor.
Cartas van y cartas vienen, llamadas a media madrugada, blues y boleros, chateo interminable para compartir rones a la misma hora en salas distintas. Tiempo que el Autor le quita a su novela y relaciones que se pierden por falta de dedicación. Amistades que lo empiezan a mirar con ojeriza. Decenas de niñas suculentas que deja pasar. Cientos de buenas botellas, buenos partidos, buenas posibilidades en uno y otro bando: Por ella, el enemigo, que lo merece todo.
Pues bien, esto también se lo merece: No voy a ser el muchacho generoso que ella quiere, el servidor ejemplar de la realeza literaria. El tipo que se queda calladito, expectante, aguantando hasta que todo termine. No siempre. No esta vez, mientras se pierde la Historia de Ka y el buenazo del Autor, mi amigo, está jodido por los tantos palos que le da la vida.
Yo, el Lector, no creo demasiado en sutilezas lingüísticas: Lenguaje extraverbal, y mientras más fuerte mejor. Eso es lo mío, a eso voy, y antes de que esta vida se acabe la voy a poner a sufrir por las esquinas. Haré que el Autor la cuelgue de un balcón. Con su Bavaria y su manzana y su sonrisa de ángel.
Tan seguro como que me llamo Sancho Páez, y en mi presencia o en mi ausencia nadie lástima al Quijano sin que yo se lo cobre.
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